16 mayo, 2006

Mentiras sobre la intervención en Irak

Un buen resumen del GEES en LD sobre las mentiras que dicen aquellos que hace ahora 3 años defendían que no se debía intervenir en Irak, es decir, que el régimen genocida de Saddam Hussein (cuyo partido Baaz se hizo a imagen y semejanza del Partido Nacionalsocialista Alemán, es decir, el partido nazi) debía seguir en el poder, masacrando y empobreciendo a su pueblo con la excusa del embargo.



Irak y el terrorismo

Casi nada de lo que se argumenta en contra de la guerra de Irak por quienes se opusieron a ella y siguen explotándola en su beneficio político es verdad. Aupados por un campo defensor de la intervención militar cada día más retraído, particularmente en España, se lanzan mentiras constantemente que se quieren hacer verdades. Pero no lo son. Una de ellas es la idea de que la guerra para derrocar a Sadam Husein ha causado un aumento del terrorismo internacional.

En primer lugar se dice que hoy Irak es el campo de batalla del terrorismo, a tenor de la violencia y los atentados que en ese país se comenten casi a diario. Y se pone como contraste la ausencia de atentados terroristas bajo el régimen despótico de Sadam. Ya de por sí la comparación del antes con el ahora revela un grave problema de equiparamiento del régimen totalitario y represor de Sadam con el gobierno actual, pero es que, además, entra en contradicción con el siguiente postulado que se suele emplear en este terreno, que la intervención ha aumentado la violencia terrorista a nivel global.

Nada que objetar a que el Irak de hoy concentra un nivel de violencia terrorista muy superior a todo lo conocido antes en el país (aunque la violencia del régimen fuera aún todavía más letal). Irak antes albergaba a terroristas y exportaba, bajo su control, la violencia. Ahora la sufre, venida de fuera, en sus propias carnes. Lo que no tiene lógica es afirmar contundentemente que Irak es fuente de más terrorismo internacional. Lo es de su concentración en el país, puesto que la yihad islámica ha tomado Irak como su frente central sobre el que hacer bascular el camino hacia su victoria; o nuestra derrota. Sin embargo, Irak no ha sido fuente de ningún atentado importante fuera de sus propias fronteras. Es una violencia autocontenida geográficamente.

Al contrario, lo que está suponiendo Irak para la yihad global es una permanente sangría de sus recursos humanos. Según fuentes de inteligencia, cerca de medio centenar de árabes franceses han dejado Francia para irse a inmolar en suelo iraquí. De la misma forma, más de cuarenta musulmanes españoles han seguido igual suerte. Algunos lo han conseguido, otros han sido detenidos o eliminados por las tropas de la coalición y de unos pocos se desconoce su paradero. Pero la verdad es que todos aquellos que quieren morir por la causa islámica se sienten llamados a hacerlo en suelo de Irak, no en sus lugares de residencia.

Al final, y en contra de socialistas, izquierdistas, pacifistas, antiglobalización y demás radicales, Irak nos estaría haciendo un gran favor: quitarnos de en medio a potenciales suicidas, que dejan nuestro suelo para ir a matar y morir lejos de aquí. ¿No es de agradecer?


Mentiras y armas de destrucción masiva

¿Tenía Sadam Husein armas de destrucción masiva? No se han encontrado a pesar de la intensa búsqueda llevada a cabo tras la ocupación del país. Hay quien todavía piensa que pudo haberlas y fueron llevadas a otros lugares o que han quedado sepultadas para suerte de los arqueólogos del futuro. Con todo, lo más razonable es contentarse con que Saddam no las tenía en el momento de producirse la intervención militar que acabó derrocándole.

Con todo, la inexistencia de dichas armas no conlleva automáticamente que los gobiernos occidentales mintiesen. Como mucho que estaban tan equivocados como cualquiera. ¿Quién sabía a comienzos del 2003 que Sadam no tenía esos mortíferos sistemas? Por lo que hoy se conoce, sólo el propio Sadam Husein. Sus militares estaban convencidos de que aunque su unidad no dispusiera de ellas, las que se desplegaban en sus flancos sí que las tenían; y los científicos que aunque en su laboratorio no se produjera apenas nada, que en otras instalaciones estaban a todo gas. Saldan se gastaba una enorme cantidad de su presupuesto en mantener entretenidos a sus científicos y laboratorios, a fin de garantizarse la capacidad de reconstituir sus programas cuando le fuera posible, es decir, cuando se librase de las sanciones y el embargo internacional. Pero se negó a reconocer públicamente que ya no contaba ni con armas químicas ni biológicas ni nucleares operativas, posiblemente porque temiese verse desnudo ante sus muchos adversarios dentro y fuera de Irak.

Su capacidad de engaño unida a una grave incompetencia por parte de todos los servicios de inteligencia, llevó a que todos los líderes creyeran en la existencia del arsenal de Saddam y que sólo se pudiera demostrar su inexistencia después de haber invadido el país. Y cuando decimos todos queremos decir todos, no sólo Bush, Blair y Aznar. Zapatero nunca dijo que las armas no existieran, sino que pidió en el Congreso que se lograra desarmar a Sadam por otros medios que no fueran la invasión; Solana llegó más lejos, y dijo ante los periodistas que no necesitaba escuchar a Blair para saber que Sadam tenía armamento de destrucción masiva; la Internacional Socialista, reunida poco antes de la acción militar, se manifestó en los mismos términos. Si alguien mintió sobre este asunto fue Sadam Husein.

¿Ahora bien, deslegitima la guerra que no se hayan encontrado las armas de Sadam? Bajo ningún concepto. Lo que sí se ha podido demostrar es que la ambición de Sadam era poder llegar a tenerlas en cuanto pudiera. Un dato incontrovertible. Por no hablar de la obligación moral de poner fin a sus maldades y atrocidades.

Por otro lado, a todos los que siguen recurriendo a la idea del engaño y la mentira, conviene recordarles que ha habido numerosas investigaciones independientes, tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido, donde no se han encontrado evidencias de que se manipularan los informes de inteligencia para ajustarlos a una decisión política. Y a quien exige que la decisión política se rija por lo que se dice desde la inteligencia, refrescarle que eso es una perfecta memez. Que lo que los servicios de inteligencia hacen es apoyar con sus elementos informativos la decisión política, no sustituirla. Y además, que no se olvide que el campo de actuación de los agentes y analistas de inteligencia es truculento y lleno de sinsentidos. Quien oculta siempre juega con ventaja.

Las armas se han buscado y no se han encontrado. Pero el único que hubiera podido detener una intervención militar a comienzos del 2003 era Sadam Husein. Le hubiera bastado ir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y tal como le volvió a exigir la resolución 1441 de finales de 2002, haber reconocido que ya no tenía arsenales de destrucción masiva, haber explicado cuándo y cómo los perdió y haber autorizado a los inspectores de la ONU a ratificar in situ su testimonio. Pero no lo hizo. Él, Sadam, es el gran mentiroso de esta historia. Hoy son otros, como el gobierno de Rodríguez Zapatero, los herederos de su tradición.


De: GEES, Grupo de Estudios Estratégicos, en Libertad Digital.

Etiquetas: ,

16 marzo, 2006

Pacifismo suicida

Artículo muy interesante sobre la actitud que no pocos dirigentes y habitantes europeos mantuvieron en el pasado s. XX frente al totalitarismo fascista de Hitler. Es curioso ver como la actitud suicida y en mi opinión hasta estúpida que mantuvieron amplísimos sectores de la izquierda en aquella época se repiten hoy en día. Como siempre, la izquierda no sólo no aprende de sus fallos y errores, sino que los repite sin cambios. Quisieron la paz con quienes no querían paz (veáse Pacto de Múnich) e hicieron sufrir a Europa una Guerra muchísimo peor que la Primera apenas dos décadas después. Lo mismo, exactamente lo mismo, pasó luego con el comunismo, una de las mayores estafas intelectuales que ha dado la Historia. De risa si no fuera por los cien millones de muertos que lo comntemplan. A lo largo y ancho del mundo. Y todavía veo "personas" con camisetas del Ché Guevara, o con símbolos comunistas por ahí. Y no, no veo yo que se les caiga la cara de vergüenza. Y lo mismo, exactamente lo mismo, lo vemos hoy en la izquierda con el totalitarismo fanático islamista. Ellos que se llenan la boca con asuntos como el feminismo, los derechos de los homosexuales o la defensa de los derechos humanos, callan como eso que están pensando cuando se trata de la relación de esos temas con el mundo islámico, donde a nadie se le esconde que no hay respeto a los DDHH, ni por supuesto a mujeres y/o homosexuales.

Por supuesto, siempre quedarán personas con dos dedos de frente, que como Roosevelt o Churchill en su tiempo, o Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II no hace mucho, sabrán hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre el mundo occidental sin hacer demasiado caso a quienes, aunque no lo hagan con mala intención, contibruyen con sus actitudes a ayudar a quienes quieren -y lo dicen de manera explícita- acabar con el modo de vida que nos hemos dado en Occidente.



Curso de primero de apaciguamiento
Victor Davis Hanson


Es fácil condenar a los apaciguadores de Hitler en los años 30, como Stanley Baldwin y Neville Chamberlain en Inglaterra y Edouard Daladier en Francia, dado lo que finalmente hicieron los nazis cuando se les permitió. Pero la historia exige que no sólo reconozcamos la verdad ex post facto, sino que tratemos también de reconstruir el fundamento de algo que ahora, en retrospectiva, parece inexplicable.
El apaciguamiento en los años 30 era popular en el público europeo por varias razones, todas ellas instructivas en nuestras dudas sobre si detener a un Irán nuclear, sobre si defender el derecho de los periódicos occidentales a imprimir lo que quieran o, en general, sobre si luchar contra el islamismo radical.
Primero, Europa había sido casi destruida durante la Gran Guerra, sólo unos 20 años antes. Ningún líder responsable de la posguerra quería arriesgarse a un segundo baño de sangre continental. Lamentablemente, Hitler lo entendía demasiado bien. En el juego de la gallina diplomática, él calculó que muchos de los estadistas democráticos responsables tenían más que perder que él ya que era el enemigo más débil, además de que ya había sido vencido con anterioridad.
Los intelectuales británicos, al igual que los idealistas de la Unión Europea de hoy, escribieron libros y tratados sobre lo obsoleta que es la guerra. Los conflictos, supuestamente, los causaban voraces mercaderes de armas y buitres domésticos, no dictadores antidemocráticos que interpretaban la tolerancia como debilidad. Winston Churchill era una voz en el desierto, demonizado como belicista y como cosas peores.
Hoy, terminada una Guerra Fría que duró 50 años, Europa finalmente se ve libre del agobiante gasto militar y de la amenaza de la aniquilación global. Al igual que Osama bin Laden, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad detecta cierto hastío en gran parte de un Occidente que confía en la paz perpetua. Asume que los occidentales más sensatos harán casi lo que sea con tal de evitar un enfrentamiento militar para detener una amenaza en potencia, aunque, a diferencia de Hitler, Ahmadineyad no sólo promete liquidar a los judíos sino que revela sus métodos por adelantado buscando armas nucleares.
Algunos ingenuos conservadores en la Europa prebélica pensaron que los fascistas alemanes e italianos serían una valiosa muralla contra el comunismo y que, por tanto, podrían ser manejados políticamente con tacto. Igualmente ha sucedido por momentos con el fascismo islámico. Armar a los muyahidines en Afganistán, Pakistán o Arabia Saudí alguna vez se vio como una inspirada forma de frustrar el imperialismo comunista soviético.
En el momento de la fatwa homicida del Ayatolá Jomeini contra Salman Rushdie, comentaristas conservadores religiosos, desde Pat Buchanan al Cardenal O’Connor de Nueva York, atacaron a Rushdie en lugar de defender el derecho occidental a la libertad de expresión. Aparentemente, pensaron que semejantes amenazas islámicas a supuestos blasfemos podría tener repercusiones positivas para desalentar también los ataques anticristianos de la izquierda.
En los años 30, la doctrina del apaciguamiento le otorgó a la Liga de Naciones la responsabilidad de enfrentarse al fascismo. Tanto Francia como Inglaterra se callaron cuando Italia invadió Etiopía en 1936 y Alemania militarizó Renania. Contaban con la acción multilateral de la Liga, que emitió bastantes edictos pero envió pocas tropas.
De la misma forma, supuestamente la autoridad moral que tenemos hoy nos llevaría a referir los problemas iraquíes e iraníes a la ONU. Pero si tomamos en consideración los escándalos del programa Petróleo por alimentos y las constantes violaciones de Sadam a las resoluciones de la ONU, es poco probable que la teocracia iraní tenga mucho miedo de que el Consejo de Seguridad vaya a impedir su enriquecimiento de uranio.
Y mientras el fascismo se extendía, Francia trabajaba fortificando su frontera alemana con la Línea Maginot, los universitarios de Oxford votaban el rechazo total a "luchar por el rey o la nación bajo ninguna circunstancia" y los periódicos británicos desprestigiaban el Tratado de Versalles por castigar excesivamente a Alemania. Todo esto sucedió muchísimo antes del eslogan "No más sangre por petróleo" y de que Al Gore pidiera perdón en Arabia Saudí a sus anfitriones wahabitas por el supuesto maltrato americano contra los árabes.
Pero el déjà vu no nos concierne sólo a nosotros, sino también a nuestros enemigos. Al igual que la fantasía nazi del glorioso y venerable Volk, los islamistas se remontan a una pureza mítica, libre de la decadencia causada por el liberalismo occidental. De forma similar, se alimentan de la victimización, pero no por recientes derrotas sino por una amargura de siglos ante el auge de Occidente. Su versión de la puñalada por la espalda al estilo Tratado de Versalles es siempre por la creación de Israel.
Al igual que Hitler tramó incidentes como el incendio del Reichstag para provocar indignación, los líderes islamistas incitan la histeria de sus seguidores con un supuesto Corán en el retrete en Guantánamo y varias viñetas incendiarias, algunas de las cuales jamás fueron siquiera publicadas por los periódicos daneses.
El antisemitismo, por supuesto, es la leche materna de la que se nutre el fascismo. Es siempre, dicen ellos, un pequeño grupo de judíos –sean misteriosos consejeros de Gabinete y banqueros internacionales de los años 30 o los neoconservadores manipuladores y los líderes israelíes de la actualidad– quienes arman todo el problema ellos solos.
La razón para hacer la comparación no es sugerir simplemente que la historia se repite sino aprender por qué hay gente inteligente que se autoengaña al apoyar políticas ingenuas. Después de la eliminación de los talibanes y de Sadam Hussein, la furiosa respuesta del mundo islamista fue censurar los periódicos occidentales junto con los acelerados esfuerzos de Irán para conseguir la bomba nuclear.En respuesta, o bien Occidente sigue resistiendo a las habituales amenazas post 11-S o si no veremos que las exigencias de los matones sólo van en aumento mientras nuestra propia resistencia se debilita. Al igual que el apaciguamiento de los años 30, optar por la alternativa más fácil solamente nos garantizará una alternativa posterior mucho más costosa.
©2006 Victor Davis Hanson*Traducido por Miryam Lindberg


Victor Davis Hanson es un prestigioso historiador militar, escritor y columnista sindicado de Estados Unidos. Actualmente es especialista investigador del Hoover Institution

Extraído de:
Libertad Digital

Etiquetas:

27 febrero, 2006

Carta a una ex-rehén en Irak

Artículo del siempre brillante Girauta, articulista de Libertad Digital y tertuliano de La Linterna de la COPE. Es una carta dirigida a Simona Torreta, una italiana secuestrada y posteriormente liberada, previo pago de "rescate", en Irak. Una clara muestra de que "no hay peor ciego que aquél que no quiere ver". Es increíble lo lejos que llega el odio antiamericano de algunos, hasta el punto de tener EL MISMO discurso que los sacamantecas asesinos islamistas que matan a diestro y siniestro en Irak. Y ya pueden secuestrarla y torturarla, da igual, la tía sigue igual. Pues nada. Gente hay para todo. La carta no es nueva, es de octubre de 2004, pero pienso que es muy interesante y clarificadora.

Carta a Simona Torreta
Juan Carlos Girauta


Distinguida señora:

Quiero felicitarla por su liberación y expresarle mi reconocimiento por la generosidad con que ha venido trabajando con niños y enfermos en Irak. Su secuestro y el de su compañera nos llenó de angustia, y nos alegró enormemente que pudieran esquivar lo que, a la vista de los asesinatos de varios rehenes durante esos mismos días, parecía un destino ineluctable.

Es el caso que, sin desearlo, se han convertido en centro de atención de la opinión pública mundial, lo que significa que sus declaraciones tienen una gran trascendencia política. Casi al pie del avión que las acababa de devolver a su patria, se refirió usted al respeto con que habían sido tratadas por los individuos que las habían asaltado a punta de metralleta, las habían maniatado y vendado boca y ojos para tenerlas cinco horas metidas en el maletero de un coche sin ofrecerles agua, les habían colocado un cuchillo en el cuello e interrogado entre amenazas de muerte, las habían encerrado veintiún días en una celda y, por fin, las habían soltado tras recibir con toda seguridad un rescate cuyo importe servirá para que esos seres respetuosos sigan secuestrando, colocando bombas que matan a la población civil (casi cuarenta niños la semana pasada), y difundiendo sus decapitaciones.

Y lo entiendo. Entiendo que en situaciones extremas los seres humanos pueden ser violentados hasta el fondo de su conciencia y manifestar ciertas formas de adhesión a quienes han violado su libertad y les han enseñado el rostro de la muerte. Pero los días han transcurrido y, más en frío, declara usted con convicción que sus secuestradores son "un grupo religioso vinculado al movimiento de la resistencia", que "luchan contra la ocupación de Estados Unidos" y que se convencieron de que ustedes no eran sus enemigas. Me sorprende su insistencia en este punto, que sugiere que más allá del conocido síndrome, hay que interpretar sus palabras textualmente. De acuerdo, esa gente repugnante y ustedes no son enemigos. Sus enemigos son otros: el gobierno que consiguió liberarlas, por mantener tropas en Irak; los Estados Unidos, que derrocó a un genocida; el gobierno de Alaui, a quien llama "pelele en manos de los norteamericanos". "No serán elecciones legítimas", advierte, las que se celebrarán en enero. ¿Qué elecciones han sido en Irak más legítimas que estas? ¿Por qué no encuentro en sus palabras una condena al genocida iraquí que asesinó a centenares de miles de personas?

Los que cobraron el millón de dólares a cambio de sus vidas, obteniendo de propina toda esta propaganda para su causa, no eran terroristas sino un grupo religioso, ¿no? Otro tocayo suyo, Simón Mago, quiso pagar a los apóstoles para obtener el favor del Espíritu Santo. Desde entonces la compraventa de cosas espirituales se conoce como simonía. Simonía con la que estos apóstoles del degüello van a hacer milagros, señora.

Felicidades de nuevo por haber salvado la vida y por ser una ciudadana del mundo libre, condición que los iraquíes, a quien usted se dedica con entrega, también merecen.

Extraído de:
Libertad Digital.

Etiquetas:

08 febrero, 2006

Yo apoyo a Dinamarca



O NOS DEFENDEMOS O NOS PISAN. NO AL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO. NO A LOS REGÍMENES TERRORISTAS DE IRÁN Y SIRIA. SÍ AL MUNDO LIBRE. SÍ A DINAMARCA Y A SU GOBIERNO VALIENTE.

LOS QUE QUIERAN AYUDAR A DINAMARCA COMPRANDO PRODUCTOS DANESES SEPAN QUE SU CÓDIGO DE BARRAS EMPIEZA EN 57.

Etiquetas: ,